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Gonna make you Happy

kenji
Desde que tengo uso de razón (sí, sí, pese a lo que puedan decir muchos, la tengo, efímera e intermitente, pero existe), mi vida en cierto sentido se parece al hilo musical de los supermercados de película. Digo de película, porque habiendo estado en chorropocientos mil supermercados a lo largo de mi vida, sólo he encontrado uno que tuviese hilo musical de fondo mientras comprabas (y sólo a veces). Claro que también se llama Hiper Olé, el nombre nada más verlo te indica que es un lugar cargado de arte, zanahorias y sevillanas a tutiplen.

El caso es que siempre me ha hecho gracia eso de las películas americanas en las que mientras cualquier personaje está comprando en un supermercado, de fondo se escuche un hilo musical que amenice la compra y visita al supermercado (vamos, como mi dentista, que mientras me sacaba las muelas, de fondo tenía The Cranberries o Nirvana, entre otros muchos).

Yo hago algo parecido, pero sin estar en el supermercado, cualquier lugar es perfecto. Desde pequeño me ha gustado cantar, tanto que hasta estuve en el coro de la escuela (es algo de lo que me siento orgulloso), hasta que me cambió la voz. Aún así, sigo cantando, sólo que ahora, en vez de escucharme junto a los demás componentes, medio colegio, el cura, los monaguillos, y los transeúntes de Obispo Orberá, me escucha mi gata (Dharma para los amigos), mi perra (Milú), el señor Don Cuarto de Baño y algún vecino cotilla, o que en su defecto se encuentre en ese momento asomado a la terraza.



De todos modos sigo cantando por la calle, pero en plan chorra. De pequeño recuerdo que destrozaba las canciones de Michael Jackson en el colegio (la letra sobretodo, más que nada porque era incapaz de aprendérmelas con esa edad, y seguramente alguna que otra cosa más) y en casa de mi tía, cuando iba a la piscina me sentaba en los bancos y me ponía a cantar cualquier canción del verano, mi vecino Leo me seguía en algunas ocasiones (me pregunto que habrá sido de él…).

Ahora me he centrado en 2 temas cuando estoy en la universidad. Uno de ellos es una canción de las Spice Girls, para mí “Ichiwanabimaloveh achu wi mafren”, para el resto del mundo “Wannabe”. La otra es de John Scatman, famoso cantante de scat que mezcló dicho estilo con la música disco. La canción que canto es la que recibe su mismo nombre, “Scatman”, y aunque intento hacerlo lo mejor posible no le llego ni a la suela de los zapatos (esta si que me la tomo en serio, como en la mayoría de las partes carece de letra me es mucho más sencillo).


El video del tema en cuestión, para los que no lo conozcan (las Spice Girls no se lo merecen, lo siento por sus fans… y por Beckam, o algo…)

Del mismo modo que reviento los oídos de mis compañeros y amigos, imagino momentos de mi vida acoplados a ciertas canciones. Por ejemplo, la de Scatman me encantaría que alguna noche cuando salimos de fiesta la pusieran (me imagino bailándola sobre la barra en plan "Bar Coyote"), sé que es del 94, pero es un clasicazo. Otro tema (y este era el fin inicial de esta entrada en el blog), es la canción, que desde que la escuché he querido cantarle a esa chica especial que algún día dudo encontrar (igual que el tango “Por una cabeza”, que no cantaré porque no tiene letra, pero que aprenderé a bailar solo para eso, bailarla). Aquí os la pongo:



Y “Por una cabeza”, bailada en la película “Perfume de Mujer”, la cual me gustó muchísimo y recomiendo a todos aquellos que tengan tiempo que quieran gastar en ver cine:



En fin, ya he cumplido mi propósito inicial: mostraros Tripod. Supongo que a casi todos los que lo vean les gustará, a mí desde el primer momento me encantó, y esa misma tarde me tragué todos los videos que encontré del grupo en Youtube. Por otro lado, mientras me enrollaba como una persiana haciendo la “breve” introducción, estaba charlando con Cacicula mientras me pasaba algunos videos de nuestra más añorada infancia (del palo Dragones y Mazmorras, Capitán Harlock o Slayer, conocida comúnmente como Reena y Gaudi). Esto me ha hecho recordar un video de Quevidamastriste con el que os dejo y me despido hasta la próxima vez que me acuerde de este sitio...



No puedo negar que alguna vez me ha pasado algo parecido…

Sueño de un millar de gatos

kenji

Una vez más, de vuelta otra vez. Creía que no llegaría de nuevo a las 3 entradas, es todo un logro, pues pese a que mi constancia es nula, mi memoria no termina de olvidarse de que esto existe y quiere que siga, a duras penas, en pie. Así que sin más, con un poco de esfuerzo nocturno, sueño escupido en bocanadas absurdas sobre la pantalla y el olor a vainilla del tabaco demoníaco que fumo, aquí estoy de nuevo.

Es curioso, pero cuanto menos tiempo tengo, más ganas de escribir e historias rebotan en las paredes de mi mente. Eso sí, por el cansancio acumulado lo poco que consigo desplazar de mi cerebelo al papel, o en este caso, a las teclas que terminan impregnando este rincón, no dejan de ser meras bagatelas sin sentido que seguramente aburran al afanado lector, que en su empeño de encontrar algo interesante, termine por darse con un canto en los dientes.

Pero en fin, es lo que hay. Quizá algún día consiga cazar una musa, o seducirla, o cambiarla por un bezoar e insufle con increíbles y exóticas palabras mi mente, no sólo con vagas imágenes que no consigo representar. Lo que me lleva a tratar cierto tema.

Por enésima vez, he vuelto a coger los tomos de “The Sandman”, increíble novela gráfica que ha convertido mi pasión por los sueños en algo aún más puro y eterno si cabe. Hace un par de noches, revisando los libros de mi estantería sin leer, mis ojos se clavaron en lo más alto de ésta, y con un brillo inusitado en los tomos de la serie (seguramente provocado por el destello de la bombilla en el escorpión disecado), me lancé a por el primero de ellos para volver a ojearlo una vez más. La cuestión es que no quedó solo en eso y empecé de nuevo a leerlos como si fuese la primera vez.



Los Eternos al completo: los gemelos Deseo y Desespero, la joven Delirio, el carismático Morfeo, la agradable Muerte, el silencioso Destino, y Destrucción, el más dicharachero de todos.

Supongo que jamás me cansaré de leerla. El troll que habita bajo el puente de los sueños (o Neil Gaiman, como es más comúnmente conocido) se ha convertido en uno de mis escritores favoritos. Y es que, no sólo “The Sandman” me ha cautivado, también lo hizo con “Los hijos de Anansi”, “Stardust”, “1602”, y algunas obras más (aún tengo pendientes varias de ellas, como Black Orchid o Mr. Punch).

Algún día profundizaré más en la enigmática figura del creador de estas obras y en las mismas, pero ahora cambiaré radical y disparatadamente de tema, no estoy en condiciones de hacer honor a esto, así que, me pondré a hablar de papel higiénico. Sí, papel higiénico, lo que puede derivar en Daniel Higiénico, artista que estoy empezando a escuchar últimamente y que aún no puedo tratar debidamente, pero que sin duda, para los curiosos recomiendo, y de momento, para que negarlo, me está gustando. Por otro lado, ayer fui a comprar un libro de Psicología, y en una tienda cercana nos paramos a echar un vistazo. Tenían cosas interesantes: despertadores estrambóticos, parches de distintos tipos (incluso piratas), camisetas molonas (aunque de escasa calidad textil), y lo mejor de todo, PAPEL HIGIÉNICO CON SUDOKUS. No voy a negarlo, me vi tentado, tentadísimo, de comprar uno. Cuanto menos fue interesante verlo… y quizás algún día, cuando me aburra mucho y me sobre mínimamente el dinero, compre un par de rollos.




El arma del delito

Aparte de esa anécdota curiosa, esta semana ha sido horrible. Mucho estrés pre-exámenes, vueltas de tuerca debido a ello y un sinfín de marrones procedentes de estos y la ineptitud de mis profesores, que con ánimo de mostrarnos sabias lecciones de enseñanza solo consiguen desmejorar la imagen personal que tengo de ellos.

Pero que se le va a hacer, así es la vida, y por mucho que fastidien ciertas cosas la sonrisa y las chorradas no hay quien me las quite. Además, no puedo estar mal después de haber visto a los abuelitos Scorpions el sábado pasado. Conciertazo increíble, tremebundo, y que con más calma y menos sueño trataré (también) más adelante, cuando tenga fotillos y videos que certifiquen mi presencia en tal evento.

En fin, seguramente me queden muchas cosas por contar, pero en el tintero se quedarán. Quizá algún día las retome, el espacio y el tiempo son variables, caóticos y recurribles en cualquier instante. Así que, sin más dilación, servidor se despide temporalmente, hasta una próxima entrada o incursión onírica en el mundo del Hacedor. Buenas noches, y cuando duerman, no hagan mucho caso de los sapos punkys multicolores, son sólo un señuelo de la pasada, pero aún agradable Delicia.




P.D: Respecto al título de la entrada, no se me ocurría otra cosa, así que puse lo primero que me vino a la cabeza. Es el último capítulo releído de “The Sandman”.

...¿En que piensas?...

yei

Jamás olvidaré la primera vez que escuché esa pregunta en video. Ojala no tuviese que haberla escuchado antes en la vida real, pero supongo que a todos y a todas, en algún momento de nuestra existencia nos llega el momento de escuchar tan fatídica pregunta: ¿en que piensas?

Claro está, no se trata de la típica pregunta de viernes por la tarde cuando estás tomando un café con un colega o reventando bichejos frente a la consola (más que nada, porque normalmente no suele formularse, ni en un caso ni en el otro, o nunca, que también es posible). A lo que me refiero, es cuando esta pregunta es formulada por la pareja en un momento de absoluta intimidad, paz, calma y relax. Sí, creo que todos los que hayan leído estas palabras habrán deducido a que me refiero: justo después de haber tenido una noche, tarde, mañana, o día entero de intenso y salvaje sexo.

El caso es, que aún no termino de entender porque todas terminan por preguntarte esto en algún momento. Siempre lo he tratado con amigos (y en algunos casos con novias, para pedirles que jamás formulen la tan temida pregunta), no como crítica, sino como curiosidad. En un momento tan perfecto como ese, en el que el cansancio y el placer se aúnan creando un estado de total tranquilidad... ¿por qué tienen que interrumpirlo? Supongo que la concepción del silencio es muy mala. Al parecer, cuando permaneces mucho tiempo callado sin estar viendo una película, leyendo, durmiendo, o incluso inconsciente tras una monumental galleta, parece que es algo malo. Pues no. No siempre tiene por qué ser así... a mi me gusta el silencio, más en esos minutitos de después, en los que en más de una ocasión te quedas sopa acurrucado entre las mantas.

Sin embargo, el sueño de todo hombre siempre se verá reventado por la fatídica incógnita...

Bueno, no me andaré mucho más por las ramas. El caso, es que hace unos 3 años vi un video en el que tenía lugar esa pregunta. Fue en Granada, en casa de una amiga, que tras comentarnos en un paseo nocturno por la ciudad que había descubierto una web chulísima, al final de la noche decidió mostrárnoslo. Cuando la puso, el primer video que salió fue este... y no pude evitar descojonarme silenciosamente (sus padres estaban durmiendo, es difícil hacerlo, pero se puede) y pensar al mismo tiempo cuanta razón tenía Borja, el protagonista de la serie.

Desde ese día soy fan a tiempo completo de la serie, durante estos años me he pasado las noches de los domingos mirando la web hasta que aparecía colgado el video de la semana, para tras reírme un buen rato, tirar a chapar la oreja como dios manda. Aquí os pongo el video en cuestión:



Seguramente muchos de los que me conocen lo habrán visto ya, o como mínimo, estarán hasta los mismísimos de escuchar como se lo recomiendo. Y es que, sin duda, Quevidamastriste se ha convertido en una pequeña parte indispensable de mi vida. Con su humor, me recuerda mil cosas de mi vida, lo cual no sé si calificar de bueno o malo, pero así es. Sin más, os dejo con ellos y el enlace a su blobs... o webos... weblos... o como se llame, coño...



Reciclando

kenji

Sean ustedes bienvenidos a mi humilde morada. Una vez más, y con ánimo de no volver a caer en el fatídico desuso, me he decidido a abrir un nuevo blog. La verdad es que ya he tenido unos cuantos (perdí la cuenta, pero por conteo memorístico deduzco que alrededor de unos 4, todos perdidos en el olvido y actualmente cubriéndose de incontables telarañas fanáticas del puenting). Es una pena la verdad, me encanta escribir, pero mi escasa formalidad con este tipo de cosas cada vez se ha ido acrecentando más y más; de pequeño jamás conseguí pasar de las 2 primeras páginas en un diario de papel, y ahora, de pleno en la era informática, no he conseguido superar las 3 o 4 entradas en cada uno de ellos.

El caso, es que una vez más me he decidido a retomar esto. Para perder la costumbre, comienzo cuando ha tenido lugar un cambio significativo en mi vida, en muchos casos por aburrimiento o uno aún mayor por alguna mujer. Esta vez es una mezcla de lo primero y un cambio radical en mi vida (sin mujeres de por medio, por supuesto), cúmulo constante de sucesos relevantes en mi vida, y que ahora, como colofón final, han dado pie a mi deseo por volver a escribir, criticar, entretener, aburrir o cualquier sentimiento despreciable o agradable que pueda generar en el limitado público que tenga.

Este blog lleva creado aproximadamente un par de semanas, pero anoche, disfrutando del concierto de Jarabe de Palo me decidí a comenzarlo de una vez por todas. Sucedió cuando leía la introducción al concierto (una cartulina roja y amarilla, con muchas letras y símbolos curiosos, repertorio de canciones, músicos y equipo técnico), donde ponía lo siguiente: "...pero llegó el momento de hacer algo diferente. De cambiar un poquito. De, sin querer reinventarnos (curioso concepto que ahora se lleva tanto), darnos el gusto de echar mano de nuestras viejas canciones y retomarlas; revisarlas; pasarlas por el pasa-puré; tocarlas como en alguna ocasión se nos ocurrió hacerlo y, quizás por haberse hecho famosas, no nos permitimos". Más o menos, lo que he hecho viene a ser lo mismo, salvo por el hecho de que jamás he sido famoso, ni tengo canciones ni nada por el estilo, esto es aplicable a otras tantas cosas de mi vida.

Con esta pequeña introducción sobre mi vida respecto a los diarios, trataré algo más en profundidad lo que pretendo hacer con este blog. Más o menos, como en Reciclando, lo que pretendo es realizar lo mismo que antes, pero diferente. El blog se llama exactamente igual que el anterior, Scumm Bar, en honor a esa taberna pirata tan mítica surgida de las magistrales mentes de los creadores de Monkey Island. En su construcción, estuve dudando entre Scumm Bar y Posada Almayer, pero al final me quedé con este, aunque es posible que algún día acabe cambiándolo.

Más claramente, lo que pretendo, es tratar una vorágine de temas relacionados o no unos con otros, en los que plasmar mis pensamientos, sentimientos,  incluso escritos literarios que vayan surgiendo en las interminables noches (en este caso, con escasos minutos de inspiración; una vez más necesito recuperar a las Musas, no trabajo bien con una sola). Así que, centrándome poco en lo que sería mi vida diaria (que de vez en cuando algo surgirá), pretendo profundizar en otros aspectos importantes de esta, ya que forman gran parte de las horas que permanezco despierto cada día.

Espero que este blog no vuelva a caer como los anteriores, así que con poco más que las palabras que quedan hasta el final, me despido, no sin antes decir que la próxima entrada será como mínimo algo más interesante que esta. Nunca se me dieron bien las presentaciones.

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